La FDA aprueba Voluven para pérdida sanguínea

Por: Dr. Arce En: cardiología

La FDA aprobó el uso del expansor del volumen sanguíneo Volubven, una solución salina isotónica que contiene almidón sintético.

En estudios clínicos, Voluven fué comparado a otros expansores de volumen aprobados, incluyendo la solución con almidón hetastarch (Hespan) durante cirugía ortopédica y productos con albúmina en cirugía pediátrica.

Esta aprobación ofrece una alterantiva más con un producto que es seguro y efectivo en un amplio rango de edades, reporta la FDA.

Artículo de la FDA

31 de December de 2007 @ 3:48 pm Deja tu comentario
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Nuevos hallazgos sobre isquemia cerebral transitoria

Por: Dr. Arce En: neurología

Ataques repentinos de disfunción neurológica que no califican como isquemia cerebral transitoria no son inofensivos, de acuerdo a un estudio punlicado en JAMA .

Investigadores holandeses siguieron alrededor de 6000 sujetos de más de 55 años años por espacio de 10 años. Al final del seguimiento, aquellos que hanbían sufrido un ataque focal transitorio y aquellos que sufrieron un ataque no focal transitorio (que no se puede relacionar con arterias cerebrales) tuvieron rasgos clínicos similares.

Los autores determinan que sus resultados deben cambiar la convicción que los ataques no focales son inofensivos. Se recomienda que se apliquen los mismos regímenes diagnósticos y terapéuticos, en ataques focales y no focales.

Artículo en JAMA

27 de December de 2007 @ 3:27 pm 1 Comentario
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Guías de vacunación para HiB provisionales

Por: Dr. Arce En: infectología, inmunología

La CDC ha publicado guías provisionales para la vacunación para Haemophilus influenzae tipo B (Hib) debido a la escasez esperada por el retiro de lotes de PedvaxHIB y Comvax.

En un reporte publicado en MMWR, la CDC recomieda que los poveedores difieran temporalmente la dosis de refuerzo que se administra a los 12-15 meses, excepto en niños con alto riesgo. Estos incluyen aquellos con VIH, asplenia, cáncer, anemia de células falciformes, y otros síndromes de inmunodeficiencia.

Merck no espera producir más vacunas contra HiB hasta finales de 2008. La CDC considera que las reservas de las vacunas de Sanofi Pasteur probablemente no sean adecuadas para cubrir la escasez.

Artículo en MMRW

20 de December de 2007 @ 10:19 am Deja tu comentario
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Ejercicio moderado relacionado con menor riesgo de demencia

Por: Dr. Arce En: neurología

Actividad física moderada puede ayudar a disminuir el riesgo de demencia vascular pero al parecer no disminuye el riesgo de padecer Alzheimer, de acuerdo a un estudio publicado en Neurology.

Alrededor de 750 italianos adultos de más de 65 años sin daños cognitivos al momento del estudio se les dió seguimiento por 4 años, durante los cuales se desarrolló Enfermedad de Alzheimer en 54 sujetos y demencia vascular en 27. Después del ajuste de factores sociodemográficos y genotipo, el riesgo para demencia vascular fue de 70% a 75% menor en sujetos más activos fisicamente que en aquellos que no realizaban actividades físicas. La reducción de riesgo permaneció significativa en analisis posteriores completos que se basaron en enfermedad cardiovascular, otras entidades comórbidas y estado funcional.

En contraste, la actividad física no disminuyó el riesgo de Enfermedad de Alzheimer.

Los autores reconocieron limitaciones de su estudio — por ejemplo, debido a que periodo de seguimiento fué corto, es probable que la actividad disminuída fuera un signo temprano de demencia.

Artículo en Neurology

20 de December de 2007 @ 9:15 am Deja tu comentario
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Debilidad muscular, trastornos del movimiento e inestabilidad

Por: Dr. Arce En: Medicina Interna

La función motora normal requiere una actividad muscular integrada con regulación adecuada a cargo de la actividad neuronal de la corteza cerebral, los ganglios basales, el cerebelo y la médula espinal. Los síntomas y signos de la disfunción del sistema motor pueden consistir en debilidad muscular, fatiga, mialgias, espasmos, calambres, movimientos discinéticos, ataxia, inestabilidad o trastornos del inicio o la planificación del movimiento.

Debilidad Muscular

La debilidad muscular es la disminución de la potencia normal de uno o más músculos. El cuadro, que incluye gran dificultad para ponerse de pie después de estar sentado, o para peinarse, sugiere debilidad proximal, en tanto que arrastrar los pies o la dificultad para abrir la tapa de un frasco sugiere debilidad distal. Los enfermos suelen confundir con debilidad una mayor propensión a la fatiga o la limitación generada por el dolor. El aumento de la fatigabilidad es la incapacidad de mantener el rendimiento de una actividad que debería resultar normal para una persona de la misma edad, sexo y tamaño.

El término parálisis y el sufijo "-plejía" indican una debilidad tan intensa que es total o casi total. La palabra "paresia" hace referencia a debilidad leve. El prefijo "hemi" alude a la mitad del cuerpo, el prefijo "para" denota ambas piernas y el prefijo "tetra" designa la afección de las cuatro extremidades.

El tono es la resistencia de un músculo al estiramiento pasivo. Los trastornos del sistema nervioso central (SNC) que originan debilidad muscular en general producen espasticidad, un aumento del tono a causa de la afección de la neurona motora superior. La espasticidad depende de la velocidad, se libera de forma repentina después de alcanzar un máximo (fenómeno de la "navaja de muelle") y afecta de forma predominante a los músculos antigravitatorios (es decir, los músculos flexores de las extremidades superiores y los extensores de las extremidades inferiores). La espasticidad es diferente de la rigidez y de la paratonía, otros dos tipos de aumento del tono muscular. La rigidez es un incremento del tono presente en todo el arco de movimiento (rigidez en "tubo de plomo" o "plástica") y afecta por igual a los flexores y a los extensores. En algunos pacientes, la rigidez tiene características de rueda dentada, que se facilita por el movimiento voluntario de la extremidad contralateral (refuerzo). La rigidez se observa en algunos trastornos extrapiramidales como la enfermedad de Parkinson. La paratonía, denominada también gegenhalten, es un incremento del tono que varía de manera irregular, en una forma que parecería depender del grado de relajación, está presente en todo el arco de movimiento y afecta por igual a los flexores y a los extensores. La paratonía suele ser consecuencia de afección de los lóbulos frontales. La debilidad con disminución del tono (flacidez) o con tono normal se manifiesta en trastornos de la unidad motora, es decir, una sola neurona motora inferior y todas las fibras musculares que inerva.

Se pueden identificar tres patrones básicos de debilidad basándose en los signos que se resumen en el siguiente cuadro. Uno es el resultado de la afección de las neuronas motoras (motoneuronas) superiores o sus axones, y los otros dos son consecuencia de trastornos de la unidad motora (neurona motora [motoneurona] inferior y debilidad miopática). Las fasciculaciones y la aparición temprana de atrofia ayudan a distinguir la debilidad nacida de la neurona motora inferior (neurógena), de la debilidad miopática. Una fasciculación es una acudida visible o palpable en el interior de un único músculo debida a la descarga espontánea de una unidad motora. La debilidad neurógena también produce una hipotonía más perceptible, y una depresión mayor de los reflejos tendinosos, que la debilidad miopática.

Signos que diferencian los perfiles de debilidad
Signo Motoneurona superior Motoneurona inferior Miopática
Atrofia Ninguna Intensa Leve
Fasciculaciones Ninguna Comunes Ninguna
Tono Espasticidad Disminución Normal/menor
Distribución de la debilidad Piramidal/regional Distal/segmentaria Proximal
Reflejos tendinosos Hiperactivos Hipoactivos/ausentes Normales/hipoactivos
Signo de Babinski Presente Ausente Ausente

Patogenia

Debilidad por lesión de la neurona motora superior

Este tipo de debilidad es consecuencia de trastornos que afectan a las neuronas motoras superiores o a sus axones en la corteza cerebral, la sustancia blanca subcortical, la cápsula interna, el tallo encefálico o la médula espinal (figura). Las lesiones de la neurona motora superior producen debilidad por una menor activación de las neuronas motoras superiores. En general, son afectados con mayor gravedad los grupos musculares distales que los proximales, y se conservan los movimientos axiales, a menos que la lesión sea grave y bilateral. En caso de ataque corticobulbar, la debilidad muscular suele observarse únicamente en la región inferior de la cara y en la lengua; casi siempre quedan indemnes los músculos extraoculares, y los de la región superior de la cara, la faringe y la mandíbula. En las lesiones corticobulbares bilaterales, a menudo se advierte una parálisis seudobulbar, en la que la disartria, la disfagia, la disfonía y la labilidad emocional acompañan a la debilidad facial bilateral. La espasticidad forma parte del cuadro de debilidad de la neurona motora superior, pero puede no estar presente en la fase aguda. Las lesiones de la neurona motora superior también afectan a la capacidad de ejecutar movimientos repetitivos. Estos movimientos son lentos y burdos, pero se mantiene la ritmicidad normal. El paciente realiza las maniobras dedo-nariz-dedo y talón-rodilla-espina tibial lentamente, pero de forma correcta.

Vías de motoneuronas superiores corticoespinal y bulboespinal. Las motoneuronas superiores tienen su pericarion en la capa V de la corteza motora primaria (circunvolución precentral o área 4 de Brodmann) y en la corteza motora suplementaria y premotora (área 6). Las motoneuronas superiores en la corteza motora primaria están organizadas somatotópicamente como se señala en la mitad derecha de la figura.

Los axones de las motoneuronas superiores descienden en la sustancia blanca subcortical y el "brazo" posterior de la cápsula interna. Los axones del sistema piramidal o corticoespinal descienden a través del tallo encefálico en el pedúnculo cerebral (mesencéfalo), la base de los pedúnculos cerebrales y las pirámides bulbares. En la unión cervicobulbar casi todos los axones piramidales muestran decusación para pasar al fascículo corticoespinal contralateral, en la porción lateral de la médula, pero 10 a 30% permanecen en el mismo lado en la porción anterior de la médula. Las neuronas piramidales establecen conexiones monosinápticas directas con motoneuronas inferiores. Se distribuyen en forma más numerosa en las motoneuronas inferiores de los músculos de la mano y participan en la ejecución de movimientos finos aprendidos. Las neuronas corticobulbares son semejantes a las corticoespinales, pero inervan núcleos motores del tallo encefálico.

Las motoneuronas superiores bulboespinales influyen en la potencia y en el tono de los músculos, pero no son parte del sistema piramidal. Las vías bulboespinales ventromediales descendentes nacen en el techo del mesencéfalo (vía tectoespinal), los núcleos vestibulares (vía vestibuloespinal) y la formación reticular (vía reticuloespinal). Las vías mencionadas influyen en los músculos axiles y proximales e intervienen en la conservación de la postura y en movimientos integrados de las extremidades y el tronco. Las vías bulboespinales ventrolaterales descendentes que nacen predominantemente en el núcleo rojo (vía rubroespinal) facilitan la acción de los músculos distales de las extremidades. Se conoce a veces al sistema bulboespinal como el sistema de motoneuronas superiores extrapiramidales. En todas las figuras, el pericarion y las terminales axónicas se muestran, respectivamente, en la forma de puntos redondos y señales en Y.

Debilidad de la neurona motora inferior

Este trastorno es consecuencia de trastornos del pericarion de las motoneuronas inferiores en los núcleos motores del tallo encefálico y el asta anterior de la médula, o de disfunción de los axones de dichas neuronas al pasar al músculo de fibra estriada (figura). La debilidad depende de la disminución del número de unidades motoras que pueden ser activadas, a causa de una pérdida en el número de neuronas motoras alfa o bloqueo de sus conexiones al músculo. Al haber un menor número de unidades motoras, se activan menos fibras musculares, y así disminuyen el esfuerzo completo y la potencia máxima. La pérdida de las neuronas motoras gamma no origina debilidad, pero disminuye la tensión en los husos musculares con disminución del tono muscular y contribuye a que haya reflejos tendinosos menos activos en la exploración. La falta del reflejo miotático tendinoso (de estiramiento) sugiere que hay ataque de fibras aferentes del huso.

Las motoneuronas inferiores se dividen en tipos alfa y gamma. Las motoneuronas alfa de mayor tamaño son más abundantes e inervan las fibras de músculos extrahusales de la unidad motora. La pérdida de las motoneuronas mencionadas o la interrupción de sus axones produce debilidad de motoneurona inferior. Las motoneuronas gamma, menos abundantes y de mayor tamaño, inervan las fibras intrahusales musculares en el huso muscular y contribuyen al tono normal y a los reflejos miotáticos o de estiramiento. La motoneurona alfa recibe impulsos excitatorios directos de aferentes de husos musculares primarios y de corticomotoneuronas. Las motoneuronas alfa y gamma reciben impulsos excitatorios de otras vías descendentes de motoneuronas superiores, impulsos sensoriales segmentarios y de interneuronas. Las motoneuronas alfa reciben inhibición directa de las interneuronas de células de Renshaw y otras interneuronas inhiben de manera indirecta las motoneuronas alfa y gamma.

Para que se produzca un reflejo tendinoso se necesita que funcionen todas las estructuras ilustradas en la figura. La percusión del tendón distiende los husos musculares (activados tónicamente por las motoneuronas gamma) y activa las neuronas aferentes husales primarias. Éstas estimulan a su vez a las motoneuronas alfa de la médula y producen una contracción muscular breve, que es el conocido reflejo tendinoso.

Cuando enferma una unidad motora, ante todo en los trastornos que afectan las neuronas del asta anterior, puede descargar espontáneamente, produciendo una fasciculación. Estas pequeñas sacudidas aisladas pueden verse o palparse clínicamente o ser registradas mediante electromiografía (EMG). Cuando las neuronas motoras alfa o sus axones degeneran, las fibras musculares desnervadas descargan espontáneamente de una forma que no puede verse ni palparse, pero que es posible registrar en el EMG. Estas pequeñas descargas de fibras musculares aisladas se denominan potenciales de fibrilación. Cuando existe una debilidad importante de la neurona motora inferior, el reclutamiento de unidades motoras se retrasa o disminuye, lo cual significa que, a una frecuencia de descarga determinada, se activan menos unidades de lo normal. Ello difiere de la debilidad de la neurona motora superior, en la cual se activa un número normal de unidades motoras a una determinada frecuencia, pero la frecuencia máxima de descarga está disminuida.

Debilidad miopática

Este tipo de debilidad muscular se produce en los trastornos en el seno de la unidad motora que afectan a las fibras musculares o a las uniones neuromusculares.

Existen dos tipos de fibras musculares. Las de tipo I tienen abundantes mitocondrias y enzimas oxidativas, producen relativamente poca fuerza, pero sus necesidades energéticas son pocas y pueden ser satisfechas por el metabolismo aerobio. Generan movimientos posturales sostenidos y movimientos no enérgicos. Las fibras musculares de tipo II son ricas en enzimas glucolíticas y su fuerza es relativamente grande, pero sus necesidades energéticas son muy grandes y no pueden ser satisfechas durante mucho tiempo por el metabolismo aerobio. Por tanto, estas unidades experimentan activación máxima solamente por períodos breves, para producir movimientos de gran potencia.

En los movimientos voluntarios graduales, durante el reclutamiento se activan más tempranamente las fibras musculares de tipo I. En cada fibra muscular, si la terminación nerviosa libera presinápticamente un número normal de moléculas de acetilcolina y se abre un número suficiente de receptores postsinápticos para ellas, la placa motora (terminal) alcanza el umbral y, por tanto, genera un potencial de acción que se extiende a través de la membrana de la fibra muscular y al interior del sistema de túbulos transversos. Esta excitación eléctrica activa los fenómenos intracelulares que producen una contracción dependiente de la energía de la fibra muscular (acoplamiento excitación-contracción).

La debilidad miopática se produce por disminución del número o de la fuerza contráctil de las fibras musculares activadas en el interior de la unidad motora. En las distrofias musculares, las miopatías inflamatorias o las miopatías con necrosis de fibras musculares, disminuye el número de fibras musculares sobrevivientes en el interior de múltiples unidades motoras. Tal y como demuestra el EMG, aminora el tamaño del potencial de acción de cada unidad motora, de forma que es necesario reclutar unidades motoras con una rapidez superior a la normal para producir la potencia necesaria para un determinado movimiento. Las enfermedades de la unión neuromuscular, como la miastenia grave, producen debilidad de manera similar, aunque la pérdida de fibras musculares en el seno de la unidad motora es más funcional que real. Además, el número de fibras musculares activadas puede variar con el tiempo, dependiendo del estado de reposo de las uniones neuromusculares. Sobre tal base, la debilidad muscular con fatiga sugiere la existencia de miastenia grave o de otra enfermedad de la unión neuromuscular. Algunas miopatías producen debilidad por la pérdida de fuerza contráctil de las fibras musculares o mediante la afección relativamente selectiva de las fibras musculares de tipo II. Éstas pueden no afectar al tamaño de los potenciales de acción de las unidades motoras individuales observados mediante EMG y se detectan por la existencia de una discordancia entre la actividad eléctrica y la fuerza de un músculo.

Movimientos integrados

La mayor parte de los movimientos funcionales requiere la coordinación integrada de múltiples grupos musculares. Consideremos, por ejemplo, un movimiento simple, como agarrar una pelota. El movimiento primario es la flexión del pulgar y demás dedos de una mano, con oposición del pulgar y el meñique. Esto requiere la contracción de varios músculos, como el flexor común superficial de los dedos, el flexor común profundo de los dedos, el flexor largo propio del pulgar, el flexor corto del pulgar, el oponente del pulgar y el oponente del meñique. Estos motores primarios de esta acción se denominan agonistas. Con el fin de que el movimiento de prensión sea suave y enérgico, es necesario que los extensores del pulgar y de los dedos se relajen a la misma velocidad con la que se contraen los flexores. Los músculos que actúan de una forma directamente opuesta a los agonistas son los antagonistas. Una acción secundaria de los flexores del pulgar y de los dedos es flexionar la muñeca; como la flexión de la muñeca tiende a debilitar la flexión de los dedos cuando ambas se producen simultáneamente, la activación de los extensores de la muñeca ayuda al movimiento de prensión. Los músculos que producen estos movimientos complementarios son sinergistas. Por último, es necesario que el brazo se mantenga en una posición estable mientras se produce la prensión, de forma que la pelota no golpee y caiga antes de poder agarrarla de forma segura. Los músculos que estabilizan la posición del brazo son los fijadores.

La coordinación de la actividad de los agonistas, los antagonistas, los sinergistas y los fijadores se regula en tres niveles jerárquicos de control motor. El nivel inferior de control está gobernado por reflejos segmentarios de la médula espinal. Estos reflejos facilitan la acción de los agonistas e inhiben en forma recíproca a los antagonistas. Los segmentos raquídeos controlan también los patrones rítmicos del movimiento que afectan a más de una pareja única de agonistas y antagonistas. Por ejemplo, la médula espinal lumbosacra contiene la programación básica de los movimientos cíclicos de la ambulación que afectan a la activación sinérgica de diferentes grupos musculares a lo largo del tiempo. El nivel intermedio de control está gobernado por las vías bulboespinales descendentes, que integran retroalimentaciones visuales, propioceptivas y vestibulares en la ejecución de una acción. Por ejemplo, el centro locomotor del mesencéfalo es necesario para modificar los movimientos cíclicos de marcha con el fin de que se mantenga el equilibrio y tenga lugar el movimiento hacia delante. El nivel superior de control está gobernado por la corteza cerebral. La "superposición" de este nivel máximo de control es necesaria para que las actividades, como la marcha, estén orientadas hacia un fin. Los movimientos precisos aprendidos y mejorados por la práctica se inician y controlan también por la corteza motora. Aunque sólo se activan de forma directa los agonistas, durante el curso de una secuencia compleja de acciones, como tocar el piano, la activación secuencial de diferentes grupos de agonistas en cada nota o acorde forma parte de un programa motor aprendido. Además, en la ejecución de estas acciones participan también impulsos aferentes procedentes de los ganglios basales y los hemisferios cerebelosos, para facilitar la intervención de los agonistas, sinergistas y fijadores e inhibir la de los antagonistas no deseados.

La apraxia es un trastorno de la planificación y el comienzo del movimiento. La apraxia unilateral de la mano derecha puede deberse a una lesión del lóbulo frontal izquierdo (en particular la porción anterior o inferior), la región temporoparietal izquierda (en particular la circunvolución supramarginal) o sus conexiones. La apraxia de la mitad izquierda del cuerpo se produce por lesiones de estas regiones en el hemisferio derecho o por lesiones del cuerpo calloso que desconectan las regiones temporoparietales o frontales derechas de las del lado izquierdo. La apraxia bilateral se debe con frecuencia a lesiones bilaterales de los lóbulos frontales o a enfermedad hemisférica bilateral difusa.

Hemiparesia

La hemiparesia es el resultado de lesión de la neurona motora superior por encima de la parte media de la médula espinal cervical; la mayor parte de las lesiones que producen hemiparesia están situadas por encima del agujero occipital. La presencia de trastornos del lenguaje, alteraciones sensoriales corticales, anomalías cognitivas, alteraciones de la integración visuoespacial, apraxia y convulsiones identifica una lesión cortical. Los defectos visuales campimétricos homónimos reflejan la existencia de una lesión hemisférica cortical o subcortical. La hemiparesia "motora pura" de la cara, el brazo, la pierna, o ambos, indica una lesión aislada de pequeño tamaño del brazo posterior de la cápsula interna, el pedúnculo cerebral o la porción superior de la protuberancia. Algunas lesiones del tallo encefálico producen "parálisis alternas", que consisten en signos de los pares craneales homolaterales y hemiparesia contralateral. La ausencia de signos de los pares craneales o de debilidad facial sugiere que la hemiparesia se debe a una lesión ubicada en la parte superior de la médula espinal cervical, ante todo cuando conlleva pérdida de la sensibilidad propioceptiva homolateral y de la sensibilidad termoalgésica contralateral (síndrome de Brown-Séquard). Sin embargo, la mayor parte de las lesiones de la médula espinal produce tetraparesia o paraparesia.

La patogenia de la hemiparesia aguda o episódica suele ser vascular, ya sea isquémica o primariamente hemorrágica. Con menor frecuencia puede producirse por hemorragia en el interior de tumores cerebrales o se puede deber a la rotura de vasos normales a consecuencia de un traumatismo, si bien éste puede ser insignificante en pacientes que reciben anticoagulantes, o en ancianos. Son causas menos probables una lesión inflamatoria focal por esclerosis múltiple, un absceso o sarcoidosis. El estudio diagnóstico comienza inmediatamente con una tomografía computadorizada (computed tomography, CT) del encéfalo. Si la CT cerebral es normal y es improbable que se haya producido un accidente isquémico, puede requerirse realizar imágenes por resonancia magnética (magnetic resonance imaging, MRI) del encéfalo o de la médula cervical.

Algoritmo para el estudio inicial del sujeto con debilidad. CT, tomografía computadorizada; EMG, electromiografía; LMN, motoneurona inferior (lower motor neuron); MRI, resonancia magnética; NCS, estudios de conducción nerviosa (nerve conduction studies); UMN, motoneurona superior (upper motor neuron).

Son muchas las entidades por incluir en el diagnóstico diferencial de la hemiparesia subaguda que evoluciona a lo largo de meses. Una causa frecuente es el hematoma subdural; es un trastorno fácil de tratar que siempre ha de ser considerado como posibilidad diagnóstica, ante todo en pacientes ancianos o que reciben anticoagulantes, incluso en ausencia de un antecedente traumático. Entre las posibilidades infecciosas figuran el absceso cerebral bacteriano, el granuloma o la meningitis por hongos y las infecciones parasitarias. La debilidad muscular debida a neoplasias malignas primarias o metastásicas puede evolucionar a lo largo de días o semanas. El SIDA puede presentarse en forma de hemiparesia subaguda debida a toxoplasmosis o a un linfoma primario del sistema nervioso central (SNC). Otras posibilidades diagnósticas son los cuadros inflamatorios no infecciosos, como la esclerosis múltiple o, menos frecuentemente, la sarcoidosis. Si la MRI del encéfalo es normal en ausencia de signos corticales y hemisféricos, puede requerirse una MRI de la médula espinal cervical.

La hemiparesia crónica que evoluciona a lo largo de meses suele provenir de una neoplasia, una malformación arteriovenosa sin rotura, un hematoma subdural crónico o una enfermedad degenerativa. A menudo, la prueba diagnóstica inicial es una MRI del encéfalo, ante todo cuando los datos clínicos sugieren un trastorno del tallo encefálico. Si la MRI del encéfalo es normal, se debe descartar una lesión del agujero occipital o de la región superior de la médula espinal cervical.

Paraparesia

La causa más frecuente de la paraparesia es una lesión intraespinal en la parte superior de la médula espinal torácica o por debajo de ella. La presencia de un nivel sensorial en el tronco identifica de forma aproximada el nivel de la lesión medular. La paraparesia puede deberse también a lesiones en otros sitios que afectan a las neuronas motoras superiores (en particular lesiones parasagitales e hidrocefalia) y a las neuronas motoras inferiores (trastornos de las neuronas del asta anterior, síndromes de la cola de caballo y, en algunos casos, neuropatías periféricas).

Puede ser difícil diferenciar la paraparesia aguda debida a enfermedad de la médula espinal, de los trastornos que afectan a las neuronas motoras inferiores o a los hemisferios cerebrales. Los episodios recurrentes de paraparesia se deben a menudo a esclerosis múltiple o a malformaciones vasculares de la médula espinal. Cuando existe una enfermedad aguda de la médula espinal, el déficit de neurona motora superior suele acompañarse por lo común de incontinencia urinaria y fecal y de alteraciones sensoriales de las extremidades inferiores que se extienden en sentido rostral hasta un nivel definido, en el tronco; el tono es normalmente flácido y no hay reflejos tendinosos. En estos casos, el estudio diagnóstico comienza con alguna técnica imagenológica de la médula espinal (figura). Las posibilidades diagnósticas comprenden las lesiones compresivas (en especial tumor, absceso o hematoma epidural), el infarto de la médula espinal (suele quedar indemne la propiocepción), una fístula arteriovenosa u otra anomalía vascular y la mielitis transversa. Las enfermedades de los hemisferios cerebrales que causan paraparesia aguda son la isquemia aguda de la arteria cerebral anterior (también se afecta la acción de encoger los hombros), la trombosis del seno longitudinal superior, la trombosis venosa cortical y la hidrocefalia aguda. Cuando los signos de la neurona motora superior concurren con somnolencia, confusión, convulsiones u otros signos corticales, pero sin nivel sensorial en el tronco, el estudio diagnóstico comienza por una MRI del encéfalo. La paraparesia forma parte del síndrome de la cola de caballo, que puede deberse a un traumatismo de la región inferior de la espalda, a hernia de disco central o a un tumor intraespinal; aunque se afectan los esfínteres, la flexión de la cadera suele estar conservada, al igual que la sensibilidad de la parte anterolateral de los muslos. En ciertos casos, la paraparesia se debe a una neuropatía periférica de rápida evolución, como el síndrome de Guillain-Barré, o a una miopatía. En esos casos, los estudios electrofisiológicos son útiles para el diagnóstico y permiten centrar la evaluación ulterior.

La paraparesia subaguda o crónica con espasticidad es causada por enfermedad de motoneuronas superiores y si también hay pérdida sensorial y disfunción de esfínteres, es probable que haya un trastorno medular crónico. La estrategia clínica comienza con la práctica de resonancia magnética de la médula espinal. Si sus datos son normales y existe espasticidad conviene hacer el mismo método, pero en el encéfalo. De haber signos hemisféricos, es posible que haya un meningioma parasagital o hidrocefalia crónica y la primera técnica por emplear debe ser la resonancia magnética del encéfalo. En la situación dada, en que la paraparesia crónica es causada por ataque de motoneurona inferior o tiene una causa miopática, por lo común se sospecha la localización sobre bases clínicas, al no haber espasticidad y se confirma por estudios electromiográficos (EMG) y de conducción nerviosa.

Tetraparesia o debilidad muscular generalizada

La debilidad muscular generalizada puede deberse a trastornos del sistema nervioso central o de la unidad motora. Aunque los términos tetraparesia y debilidad muscular generalizada se suelen utilizar como sinónimos, se prefiere el término tetraparesia con mayor frecuencia cuando se sospecha una causa relacionada con la neurona motora superior, y el concepto de debilidad muscular generalizada se reserva para los casos en los que es probable que exista una enfermedad de la unidad motora. La debilidad muscular debida a un trastorno del SNC suele acompañarse de alteraciones de la conciencia o de la cognición, con aumento del tono muscular y de los reflejos musculares de estiramiento y con alteraciones de la sensibilidad. La mayor parte de las causas neuromusculares de debilidad intermitente coexisten con función mental normal, reducción del tono muscular e hipoactividad de los reflejos de estiramiento muscular. Constituyen excepciones algunas causas de tetraparesia aguda resultantes de trastornos de la neurona motora superior, en los que existe una hipotonía transitoria. Las principales causas de debilidad intermitente se reseñan en el siguiente cuadro. El paciente que presenta una fatigabilidad generalizada sin signos objetivos de debilidad muscular puede tener el síndrome de fatiga crónica.

Causas de debilidad generalizada episódica
 
  1. Trastornos de electrólitos como hipocaliemia o hipercaliemia, hipercalcemia, hipernatremia, hiponatremia,
    hipofosfatemia o hipermagnesemia
  2. Trastornos musculares
    • Conductopatías (parálisis periódicas)
    • Defectos metabólicos de músculos (disminución en la utilización de carbohidratos o ácidos grasos; anormalidades de la función de mitocondrias)
  3. Trastornos de la unión neuromuscular
    • Miastenia grave
    • Síndrome miasténico de Lambert-Eaton
  4. Trastornos del sistema nervioso central
    • Ataques isquémicos transitorios del tallo encefálico
    • Isquemia cerebral global transitoria
    • Esclerosis múltiple

Tetraparesia aguda

La tetraparesia aguda que se inicia en minutos puede deberse a enfermedades de las neuronas motoras superiores (p. ej., anoxia, hipotensión, isquemia del tallo encefálico o de la médula en la región cervical, traumatismo, trastornos metabólicos generales) o de los músculos (alteraciones electrolíticas, ciertos errores congénitos del metabolismo energético muscular, toxinas o parálisis periódicas). El comienzo que va de horas a días puede deberse, además de las causas citadas, a trastornos de la neurona motora inferior. El síndrome de Guillain-Barré es la causa más frecuente de debilidad nacida de la neurona motora inferior que progresa a lo largo de días a cuatro semanas; el dato de una concentración alta de proteínas en el líquido cefalorraquídeo es de utilidad, pero puede faltar en las fases iniciales de la enfermedad. Si existe estupor o coma, la evaluación comenzará con una CT craneal. Si hay signos de la neurona motora superior pero el paciente está alerta, la exploración inicial suele ser la MRI de la médula cervical. Si la debilidad proviene de la neurona motora inferior, es miopática o de origen indeterminado, la evaluación clínica se iniciará con análisis sanguíneos para cuantificar las enzimas y electrólitos musculares y una EMG y un estudio de conducción nerviosa.

Tetraparesia subaguda o crónica

Cuando la tetraparesia debida a una enfermedad de la neurona motora superior evoluciona en un lapso de semanas, meses o años, es posible diferenciar entre los trastornos de los hemisferios cerebrales, del tallo encefálico y de la médula espinal cervical utilizando sólo criterios clínicos. El estudio diagnóstico comienza con una MRI de la región en la que se sospecha que radica la afección. La enfermedad de la neurona motora inferior suele manifestarse al principio por debilidad que es más intensa distalmente, mientras que la debilidad miopática típica es proximal; la evaluación comienza entonces con el EMG y los estudios de conducción nerviosa.

Monoparesia

Cuando la tetraparesia debida a una enfermedad de la neurona motora superior evoluciona en un lapso de semanas, meses o años, es posible diferenciar entre los trastornos de los hemisferios cerebrales, del tallo encefálico y de la médula espinal cervical utilizando sólo criterios clínicos. El estudio diagnóstico comienza con una MRI de la región en la que se sospecha que radica la afección. La enfermedad de la neurona motora inferior suele manifestarse al principio por debilidad que es más intensa distalmente, mientras que la debilidad miopática típica es proximal; la evaluación comienza entonces con el EMG y los estudios de conducción nerviosa.

Monoparesia aguda

Puede ser difícil diferenciar entre los trastornos de la neurona motora superior e inferior con la sola exploración motora, ya que el tono y los reflejos a menudo están disminuidos en ambos tipos de trastornos en sus fases iniciales. Cuando la debilidad afecta predominantemente a los músculos distales y no antigravitatorios y no conlleva alteración sensorial o dolor, es probable que se trate de una isquemia cortical focal; en este contexto, las posibilidades diagnósticas son similares a las de la hemiparesia aguda. La enfermedad aguda de la neurona motora inferior suele acompañarse de hipestesia y dolor. La distribución de la debilidad se localiza por lo común en una única raíz nerviosa o en un nervio periférico en una extremidad, pero en algunos casos refleja la afección de los plexos braquial o lumbosacro. Cuando se sospecha debilidad de la neurona motora inferior, o cuando el "perfil" de la debilidad es confuso, la evaluación clínica se inicia mediante EMG y un estudio de conducción nerviosa.

Monoparesia subaguda o crónica

La debilidad con atrofia de una extremidad que surge y evoluciona en semanas o meses casi siempre se debe a un trastorno de las neuronas motoras inferiores. Si la debilidad conlleva insensibilidad, es probable que se origine en un nervio periférico o en una raíz raquídea; pocas veces están afectados los plexos braquial o lumbosacro. Si no hay insensibilidad, es probable que exista una afección segmentaria en las neuronas del asta anterior. En uno y otro casos, está indicado un estudio electrodiagnóstico. Cuando existen signos de neurona motora superior en lugar de inferior, los trastornos causales pueden ser un tumor, una malformación vascular u otra lesión cortical que afecte a la circunvolución precentral. En cambio, cuando está afectada la pierna, es posible que haya una pequeña lesión en la médula dorsal, frecuentemente por un tumor o por esclerosis múltiple. En estas situaciones, el estudio diagnóstico comienza con un método imagenológico de la zona sospechosa.

Debilidad Distal

La afección distal de dos o cuatro extremidades sugiere la existencia de un trastorno de la neurona motora inferior o de nervios periféricos. En algunos casos se produce debilidad aguda distal de las extremidades inferiores por una polineuropatía aguda tóxica o un síndrome de la cola de caballo. La debilidad distal simétrica suele evolucionar en un plazo de semanas, meses o años, y obedece a enfermedades metabólicas, tóxicas, hereditarias, degenerativas o inflamatorias de los nervios periféricos. En las enfermedades de nervios periféricos, lo habitual es que la debilidad sea menos intensa que la insensibilidad. La afección de las células del asta anterior puede tener un comienzo distal, pero normalmente es asimétrica y no conlleva insensibilidad. En ciertos casos, las miopatías se presentan en sus comienzos también con debilidad distal. El primer paso de la evaluación es un estudio electrodiagnóstico (figura).

Debilidad proximal

La debilidad proximal de dos o cuatro extremidades sugiere la existencia de un trastorno muscular, o, menos frecuentemente, de la unión neuromuscular o de las células del asta anterior. La miopatía produce con frecuencia debilidad simétrica de los músculos pélvicos o de la cintura escapular. Los trastornos de la unión neuromuscular (como la miastenia grave) pueden tener como cuadro inicial debilidad proximal simétrica, acompañada a menudo de ptosis, diplopía o debilidad de músculos bulbares, y con intensidad que fluctúa a lo largo del día. La extrema fatigabilidad presente en algunos casos de miastenia grave puede sugerir incluso una debilidad muscular episódica, pero la fuerza rara vez se recupera totalmente. La debilidad proximal de la enfermedad de la neurona del asta anterior suele ser asimétrica, pero puede ser simétrica cuando es familiar. En ninguna de estas enfermedades aparece insensibilidad. La evaluación comienza por lo regular con la cuantificación del nivel sérico de cinasa de creatinina y con estudios electrofisiológicos.

Debilidad de distribución restringida

En algunos pacientes, la debilidad no se ajusta a ninguno de los perfiles mencionados. Son ejemplos de ello la debilidad limitada a la musculatura extraocular, hemifacial, bulbar o respiratoria. Cuando es unilateral, la debilidad restringida suele deberse a una enfermedad de la neurona motora inferior o de un nervio periférico, como sucede en la parálisis facial o en la parálisis aislada del músculo oblicuo superior. La debilidad relativamente simétrica de los músculos extraoculares o bulbares suele deberse a una miopatía o a un trastorno de la unión neuromuscular. La parálisis facial bilateral con arreflexia sugiere síndrome de Guillain-Barré. El empeoramiento de una debilidad relativamente simétrica con fatiga es característica de los trastornos de la unión neuromuscular. La debilidad bulbar asimétrica suele deberse a una enfermedad de neurona motora. La debilidad limitada a los músculos respiratorios es poco frecuente, y suele obedecer a enfermedad de neurona motora, miastenia grave o polimiositis/dermatomiositis.

Espasmos y calambres

Las molestias espontáneas o relacionadas con el ejercicio de músculos o articulaciones suelen ser benignas. No obstante, algunos trastornos del sistema motor se caracterizan por ser dolorosos. Las mialgias son dolores percibidos en el músculo; este término no entraña una contracción involuntaria. Los espasmos y los calambres designan episodios de contracción involuntaria en uno o más músculos. Los calambres suelen ser dolorosos, mientras que los espasmos no son necesariamente molestos.

La contracción involuntaria del músculo puede deberse a trastornos del SNC, la neurona motora inferior o el propio músculo. Las contracciones que se originan en el SNC y conllevan signos de la neurona motora superior suelen denominarse espasmos y afectar a los flexores o extensores de uno o más miembros. Los que se originan en el SNC y no aparecen junto con signos de la neurona motora superior son los trastornos del movimiento comentados más adelante, así como el síndrome del hombre rígido (poco frecuente) y el tétanos. La rigidez muscular debida a una contracción muscular activa puede manifestarse en el síndrome de hipertermia maligna, relacionado a menudo con la anestesia general. En el síndrome maligno por neurolépticos la rigidez muscular se origina por un exceso de actividad del SNC. Las contracciones involuntarias que se originan en las neuronas motoras inferiores suelen ser calambres, en algunos casos tetania y rara vez neuromiotonía. Los espasmos que surgen en el músculo o la membrana muscular suelen ser una relajación diferida tras una contracción voluntaria, ya sea miotonía o rara vez una contractura. Estos trastornos pueden ser difíciles de diferenciar desde el punto de vista clínico, pero a menudo pueden definirse fácilmente mediante estudios electromiográficos.

Síndrome del hombre rígido

Este síndrome poco frecuente se caracteriza por rigidez muscular de avance lento con espasmos sobreañadidos. La rigidez suele comenzar en la región inferior de la espalda y se extiende durante meses en dirección ascendente por la columna vertebral y hacia los miembros, sin afectar a la mandíbula. La marcha se vuelve rígida y existe hiperlordosis de la región lumbar. Los espasmos a menudo se desencadenan por reflejos de sobresalto. El estrés emocional tiende a empeorar la rigidez y la frecuencia e intensidad de los espasmos. La actividad motora espontánea desaparece durante el sueño. Este síndrome surge a menudo con la diabetes mellitus, y puede ser paraneoplásico y acompañar al linfoma de Hodgkin, el carcinoma pulmonar microcítico y el cáncer de mama. La mayoría de los pacientes tiene un anticuerpo sérico contra la descarboxilasa del ácido glutámico, una enzima encargada de la síntesis del neurotransmisor inhibidor del ácido aminobutírico gamma (gamma-aminobutyric acid, GABA). La rigidez es consecuencia de la pérdida de las influencias inhibidoras descendentes nacidas del tallo encefálico, o espinales segmentarias, en las neuronas motoras inferiores. Los estudios EMG revelan una actividad continua de la unidad motora que es similar al esfuerzo voluntario con conservación del período "silencioso" hasta el estiramiento muscular. De forma característica, la rigidez y los espasmos mejoran parcialmente con baclofeno o benzodiazepinas.

Tétanos

Este raro síndrome de hiperexcitabilidad se debe a la exposición a la toxina del tétanos de pacientes con infección por Clostridium tetani. Los espasmos dolorosos comienzan normalmente con el cierre y contracción de los músculos de la mandíbula (trismo) y pronto se generalizan. Los estudios EMG revelan una actividad continua de la unidad motora que es similar al esfuerzo voluntario, excepto por la pérdida del período asintomático hasta el estiramiento muscular.

Calambres

Se trata del tipo más frecuente de contracción muscular involuntaria. Los calambres son la contracción dolorosa de un único músculo que produce un nudo palpable en el músculo durante segundos o minutos y que se alivia con el estiramiento pasivo del músculo, o de forma espontánea. Los estudios EMG revelan actividad de la unidad motora que tiene una frecuencia de descarga demasiado alta como para ser voluntaria. Si los calambres concurren con debilidad muscular, ésta casi siempre se origina en la neurona motora inferior. Cuando la fuerza es normal, no suele detectarse un trastorno identificable, aunque en algunas ocasiones pueden observarse deshidratación, hipotiroidismo o uremia. Si el trastorno es intenso, los fármacos estabilizadores de la membrana, como la carbamazepina, pueden proporcionar alivio sintomático.

Tetania

La tetania se caracteriza por la contracción de los músculos distales de las manos (espasmo carpiano con extensión de las articulaciones interfalángicas y aducción y flexión de las articulaciones metacarpofalángicas) y de los pies (espasmo del pie), y conlleva hormigueo en la región peribucal y en la porción distal de las extremidades. La tetania con espasmo carpopedal es una manifestación frecuente de la hipocalcemia o de la alcalosis respiratoria (incluso por hiperventilación). Los estudios EMG revelan descargas aisladas o, con mayor frecuencia, agrupadas, de las unidades motoras, con una frecuencia de descarga baja.

Neuromiotonía (síndrome de Isaac)

La neuromiotonía se caracteriza por rigidez muscular en reposo, que persiste durante el sueño, y por relajación diferida tras el esfuerzo voluntario. Suele afectar con mayor intensidad los músculos distales de las extremidades, pero puede afectar a todos los músculos de fibra estriada. La marcha puede ser rígida y la inspección del músculo indica una ondulación de la piel que lo cubre debida a las contracciones continuas de las fibras musculares (miocimia). La actividad muscular continua genera calor y es frecuente la sudación excesiva. Los estudios EMG suelen revelar descargas miocímicas, especialmente en los casos de origen familiar. En ocasiones, la EMG registra descargas neuromiotónicas de alta frecuencia. En algunos casos se ha demostrado la presencia de autoanticuerpos contra los conductos de potasio sensibles al voltaje, y la plasmaféresis puede ser un tratamiento eficaz.

Miotonía

Se trata de un retraso no doloroso de la relajación del músculo tras una actividad voluntaria. Es frecuente observar un retraso en la apertura de la mano tras realizar una maniobra de prensión con fuerza (miotonía de prensión). Estos trastornos suelen ser familiares y empeoran con el clima frío. La EMG demuestra una descarga creciente-decreciente de fibras musculares individuales.

Contractura

Algunos trastornos metabólicos en los que falta la producción de energía, como el déficit de miofosforilasa (enfermedad de McArdle), se caracterizan por una incapacidad dolorosa para relajar un músculo tras una actividad voluntaria a consecuencia del menor nivel de sustratos de energía. Los estudios EMG revelan la ausencia de actividad eléctrica (silencio eléctrico).

Trastornos del movimiento

En estos trastornos se producen movimientos anormales (o discinesias) por una alteración de la "fluidez" y la velocidad de los movimientos voluntarios o por la presencia de movimientos añadidos no intencionados. Son muy diferentes de los trastornos piramidales que causan debilidad de la neurona motora superior, razón por la cual los trastornos del movimiento a menudo reciben el nombre de enfermedades extrapiramidales. Los trastornos del movimiento hipercinéticos son aquéllos en los que se observa un grado excesivo de actividad motora espontánea o en los que se producen movimientos involuntarios anormales. Los trastornos del movimiento hipocinéticos se caracterizan por acinesia o bradicinesia, en las cuales la actividad motora voluntaria está ausente o disminuida ("pobreza de movimientos").

Patogenia

Los trastornos del movimiento son el resultado de enfermedades de los ganglios basales, estructuras simétricas de sustancia gris subcortical que comprenden los núcleos caudado y el putamen (que en conjunto reciben el nombre de cuerpo estriado), el globo pálido (porciones medial y lateral), el núcleo subtalámico y la sustancia negra.

La enfermedad de Parkinson, el prototipo de trastorno hipocinético del movimiento, se debe a la pérdida de neuronas dopaminérgicas de la parte compacta de la sustancia negra. Ello origina pérdida de la excitación de las neuronas del estriado que expresan receptores dopaminérgicos D1 y una pérdida de la inhibición de las neuronas del estriado D2. Ambos fenómenos contribuyen a la disminución de la facilitación del movimiento iniciado en la corteza encefálica. El temblor en reposo de la enfermedad de Parkinson no es explicado fácilmente por este modelo, pero es posible que se deba a efectos ejercidos sobre las interneuronas colinérgicas del estriado. La enfermedad de Huntington, un trastorno hipercinético del movimiento, puede explicarse en función de la pérdida selectiva de las neuronas D2 del estriado, lo que produce la desinhibición de los movimientos de inicio cortical, sin control de retroalimentación normal. La patogenia del hemibalismo es similar: una lesión directa de las neuronas glutamatérgicas del núcleo subtalámico (por lo general a consecuencia de un accidente cerebrovascular) culmina en la desinhibición de las proyecciones talamocorticales.

Trastornos del movimiento hipercinéticos

Los movimientos involuntarios anormales se dividen en rítmicos e irregulares. Los movimientos rítmicos reciben el nombre de temblores, con la excepción infrecuente de la mioclonía palatina y segmentaria. Los temblores se dividen en tres tipos: de reposo, postural e intencional. El temblor de reposo es máximo en reposo y se atenúa con la actividad. Un inicio gradual es característico del parkinsonismo y suele acompañarse de bradicinesia y rigidez en rueda dentada. El temblor de reposo de inicio agudo suele deberse a toxinas [p. ej., la exposición a 1-metil-4-fenil-1,2,3,6-tetrahidropiridina (1-methyl-4-phenyl- 1,2,3,6-tetrahydropyridine, MPTP)] o a fármacos bloqueadores de la dopamina (p. ej., las fenotiazinas). El temblor postural es máximo cuando se sostiene activamente la postura de una extremidad contra la gravedad; se atenúa con el reposo y no aumenta mucho al dirigir el movimiento voluntario hacia un objetivo. El temblor postural de aparición y evolución agudas suele provenir de factores tóxicos o metabólicos (p. ej., hipertiroidismo) o estrés. El comienzo insidioso de un temblor postural sugiere la existencia de un temblor esencial benigno o familiar. El temblor intencional es más notable durante el movimiento voluntario hacia un objetivo y no está presente durante la conservación de la postura o en reposo. Es un signo de enfermedad cerebelosa. La asterixis, que a simple vista puede parecerse a un temblor, es una inhibición intermitente de la contracción muscular que sobreviene en la encefalopatía metabólica. Ello culmina, por ejemplo, en flexión momentánea repetitiva y parcial de las muñecas cuando se intenta mantenerlas en extensión.

Los movimientos involuntarios irregulares pueden clasificarse según su velocidad y su localización, y por el hecho de que se les pueda inhibir de forma voluntaria o no. Los más lentos son la atetosis y la distonía. La atetosis es un movimiento lento, de retorcimiento de manos, sinuoso, que se produce de forma casi continua en los músculos distales. La distonía es una desviación de la postura que varía lentamente, pero casi de modo continuo, en una o más articulaciones; puede aparecer en la parte proximal o distal de una extremidad o en estructuras axiales; es una desviación de la postura más prolongada que la atetosis, aunque existe una considerable "superposición" entre estos dos fenómenos.

Entre los movimientos rápidos e irregulares, los tics se controlan con el esfuerzo voluntario, mientras que los demás no. Los tics suelen ser repetitivos y de localización única, pero en ocasiones son multifocales.

La corea, el hemibalismo y la mioclonía son sacudidas rápidas e irregulares que no pueden suprimirse de forma consciente. El hemibalismo se manifiesta por un movimiento repentino y a menudo violento de lanzamiento de la parte proximal de una extremidad, por lo común un brazo; suele aparecer y evolucionar en forma aguda a consecuencia de un infarto del núcleo subtalámico contralateral, pero en algunos casos puede aparecer de forma subaguda o crónica por otras lesiones de ese núcleo.

La corea es un movimiento rápido, de sacudida, irregular, que tiende a presentarse en la porción distal de las extremidades o la cara, pero que también puede afectar a la parte proximal de las extremidades y el tronco. Cuando es de comienzo agudo o subagudo suele ser de origen tóxico, por un exceso de dosis de levodopa o de agonistas de la dopamina o, con menor frecuencia, por neurolépticos, píldoras anticonceptivas, embarazo (corea gravídica), hipertiroidismo o síndrome antifosfolípido. En los niños puede acompañar a la fiebre reumática y en estos casos recibe el nombre de corea de Sydenham. La instauración gradual de la corea es típica de las enfermedades neurológicas degenerativas, como la enfermedad de Huntington.

La mioclonía es un movimiento rápido, breve e irregular, por lo común multifocal. Puede ser espontánea en reposo, presentarse por reacción a estímulossensoriales o aparecer con los movimientos voluntarios. Es una manifestación que aparece en trastornos metabólicos y neurológicos de diversa índole. La mioclonía intencional poshipóxica es un síndrome mioclónico especial que aparece como secuela de la anoxia cerebral transitoria. Puede haber mioclonía a causa de enfermedades por depósito de lípidos, encefalitis, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob o encefalopatías metabólicas por insuficiencias respiratoria, renal crónica, o hepática, o desequilibrio de electrólitos. La mioclonía forma parte también de ciertos tipos de epilepsia (cap. 348). La mioclonía palatina y segmentaria consiste en formas rítmicas infrecuentes de mioclonía que pueden asemejarse a un temblor; se debe a una enfermedad estructural del tallo encefálico o de la médula espinal a la altura del movimiento anormal.

Trastornos hipocinéticos del movimiento

Estos síndromes se manifiestan en forma de bradicinesia, facies inexpresiva de máscara, pérdida de los movimientos secundarios de las extremidades durante la marcha y rigidez en bloque al girar el cuerpo. Si la bradicinesia solamente se acompaña de temblor de reposo, rigidez en rueda dentada o alteración de los reflejos posturales (en especial con una tendencia a caer hacia atrás), es probable que se trate de enfermedad de Parkinson. Si también hay alteraciones cognitivas, del lenguaje, de la neurona motora superior, sensoriales o del sistema nervioso autónomo, habrá que pensar en una enfermedad neurológica degenerativa que afecta múltiples órganos.

Inestabilidad y trastornos de la marcha

La inestabilidad es la alteración de la capacidad para mantener la orientación deseada del cuerpo en el espacio. Por lo general, se manifiesta por dificultad para mantener la posición erecta durante la bipediación o la marcha; la inestabilidad grave puede afectar también la capacidad del sujeto de mantener la postura estando sentado. Los pacientes con inestabilidad a menudo se quejan también de que se sienten inseguros o en desequilibrio. Aunque los términos "inseguridad" e "inestabilidad" son equivalentes en este contexto, el término "desequilibrio" entraña un componente adicional de alteración de la orientación espacial incluso en decúbito. Los pacientes con desequilibrio frecuentemente experimentan también vértigo, que se define como una alucinación de movimiento rotatorio.

Patogenia

Desequilibrio y ataxia de extremidades

El desequilibrio es consecuencia de trastornos de los sistemas vestibular, sensorial o cerebeloso, en tanto que la ataxia de extremidades es causada por alteraciones de los sistemas sensorial o cerebeloso. La llegada de estímulos sensoriales vestibulares asimétricos al tallo encefálico y al cerebelo origina desequilibrio asimétrico, pero no ataxia de extremidades. La ataxia sensorial se debe a lesiones que afectan a las fibras sensoriales periféricas, a las células de los ganglios de las raíces dorsales, a los cordones posteriores de la médula espinal, al sistema lemniscal del tallo encefálico, al tálamo o a la corteza parietal (cap. 22). Los trastornos de la retroalimentación sensorial propioceptiva al cerebelo, a los ganglios basales y a la corteza, producen ataxia sensorial; esta última causa desequilibrio y entorpece la fluidez e integración de los movimientos que se puede aliviar en parte por retroalimentación visual. El desequilibrio en la ataxia cerebelosa es consecuencia de trastornos de los impulsos sensoriales propioceptivos, espinocerebelosos o vestibulares; la integración de los impulsos mencionados en el tallo encefálico o el vermis cerebeloso o el lóbulo floculonodular; o los estímulos motores que llegan a las neuronas espinales que controlan los músculos de la porción proximal de extremidades y tronco. La ataxia cerebelosa de extremidades es una consecuencia de trastornos de los impulsos espinocerebelosos y corticopontocerebelosos; la integración de tales estímulos en las porciones intermedia y lateral del cerebelo o los estímulos de salida a neuronas espinales (a través del núcleo rojo y del fascículo rubroespinal), o a la corteza. Las vías mencionadas aseguran que los movimientos de extremidades tendrán la rapidez, la uniformidad y la integración adecuadas. Los hemisferios cerebelosos laterales coordinan el circuito que modula los movimientos de la extremidades iniciados en la corteza.

Trastornos de la marcha

La marcha es una de las actividades motoras de mayor complejidad. Los movimientos cíclicos de marcha producidos por los centros de la médula espinal lumbosacra se modifican por influjos corticales, de los ganglios basales, del tallo encefálico y del cerebelo, basándose en una retroalimentación propioceptiva, vestibular y visual.

Desequilibrio

En la siguiente figura se incluye una guía para interpretar el desequilibrio que surge sin debilidad.

Algoritmo para evaluar el desequilibrio sin debilidad; de haber debilidad, consultar la figura 3.

En forma típica el desequilibrio con la ataxia cerebelosa origina ataxia troncal, que suele manifestarse cuando el sujeto intenta ponerse de pie después de estar sentado en una silla; cuando intenta la posición ortostática (de pie) con los pies juntos, o realizar alguna otra actividad cuando está de pie. Una vez que llega a la posición buscada, el desequilibrio puede ser sorprendentemente leve. Conforme comienza a caminar aparece el desequilibrio. El individuo por lo común aprende a "aplacar" la molestia al caminar con las extremidades muy separadas. El desequilibrio por lo común no se lateraliza es decir, no predomina en un lado; puede acompañarse de nistagmo simétrico y es causado por trastornos tóxicos, metabólicos, inflamatorios o neurodegenerativos. La ataxia cerebelosa asimétrica sugiere enfermedad estructural por isquemia, tumor u otra lesión expansiva.

La ataxia cerebelosa de extremidades se caracteriza por dismetría (errores irregulares en la amplitud y fuerza de los movimientos); temblor de intención (se intensifica conforme la mano se acerca al objeto que se pretende tocar); la disdiadococinesia (errores en el ritmo, velocidad o fuerza) y el rebote excesivo de los brazos en extensión contra una resistencia que se aleja repentinamente. El tono muscular muestra disminución leve; ello contribuye al rebote anormal por la menor activación de los reflejos segmentarios de médula espinal y también a los reflejos pendulares, es decir, la tendencia de que un reflejo tendinoso origine múltiples oscilaciones (en uno y otro sentidos) después de percutir una sola vez el punto en cuestión. Si el ataque es asimétrico, es frecuente el desequilibrio lateralizado y por lo común conlleva nistagmo asimétrico.

La inestabilidad con disfunción vestibular se caracteriza por una tendencia sistemática a caer en una dirección. El paciente por lo común se queja más de vértigo que de inestabilidad, en especial cuando el comienzo es agudo. Cuando un vértigo agudo concurre con inestabilidad lateralizada en ausencia de otros signos neurológicos, a menudo se debe a trastornos del conducto semicircular; la presencia de otros signos neurológicos sugiere isquemia del tallo encefálico o esclerosis múltiple. Cuando la disfunción vestibular es periférica, el nistagmo de posición y el vértigo tienden a desaparecer cuando se mantiene la posición de "provocación" o patógena (extinción) o ésta se repite (habituación). La inestabilidad lateralizada de inicio gradual o que persiste más de dos semanas, acompañada de nistagmo, puede ser consecuencia de lesiones en el conducto semicircular o en el nervio vestibular, el tallo encefálico o el cerebelo.

La inestabilidad con ataxia sensorial se caracteriza por un empeoramiento notable cuando se suprime la estimulación visual. Es frecuente que el paciente pueda adoptar con cuidado la posición erecta con los pies juntos si tiene los ojos abiertos. Al cerrar los ojos, el equilibrio se pierde pronto (signo de Romberg positivo) en diversas direcciones de forma aleatoria. La exploración sensorial pone de manifiesto alteraciones de la sensibilidad propioceptiva en los dedos de los pies y en los tobillos, a menudo acompañada de un trastorno más intenso de la sensibilidad vibratoria. Es importante valorar rápidamente un posible déficit de vitamina B12, debido a que este trastorno es reversible cuando se detecta tempranamente. La depresión o ausencia de los reflejos orienta a la presencia de trastornos de nervios periféricos. La aparición de espasticidad con respuestas plantares extensoras sugiere la existencia de trastornos de los cordones posteriores de la médula espinal. En ocasiones una ataxia sensorial origina inestabilidad lateralizada. En esos casos el trastorno suele radicar en el lóbulo parietal o en el tálamo, pero puede deberse también a una neuropatía sensorial asimétrica o a un trastorno de los cordones posteriores.

La ataxia sensorial de las extremidades es similar a la ataxia cerebelosa de las extremidades, pero empeora extraordinariamente al cerrar los ojos. La exploración revela también trastornos de la sensibilidad propioceptiva y vibratoria. El estudio diagnóstico se orienta a localizar el trastorno propioceptivo en los nervios periféricos, en los cordones posteriores de la médula espinal o, rara vez, en el lóbulo parietal.

Existen otras formas de inestabilidad, pero el problema fundamental suele ser un trastorno primario de la fuerza, de la función extrapiramidal o del comienzo cortical de los movimientos, como se indica en la figura 3.

Marcha anormal

Cada uno de los trastornos analizados en el presente capítulo produce un trastorno característico de la marcha. Cuando la exploración neurológica es normal, excepto por la presencia de una marcha anormal, el diagnóstico puede ser difícil, incluso para el médico experimentado.

La marcha hemiparética es característica de la hemiparesia espástica. En su forma más grave, la espasticidad produce una postura anormal de las extremidades. El brazo está en aducción y en rotación interna, con flexión del codo, la muñeca y los dedos de las manos y extensión de la cadera, la rodilla y el tobillo. Llevar hacia delante la pierna espástica durante la marcha requiere la aducción y la circunducción a nivel de la cadera, a menudo con basculación del tronco hacia el lado contrario para evitar que los dedos de los pies tropiecen con el suelo al adelantar la pierna. En su forma más ligera, el brazo afectado se mantiene en posición normal, pero oscila menos que el brazo normal. La pierna afectada se flexiona menos que la normal al oscilar la pierna hacia delante y está sometida a una mayor rotación externa. Es frecuente que la marcha hemiparética sea secuela de un accidente cerebrovascular.

En la marcha paraparética ambas extremidades inferiores se mueven de una forma lenta y rígida con circunducción, de manera muy similar al movimiento de la pierna en la marcha hemiparética. En muchos pacientes, las extremidades inferiores tienden a cruzarse entre sí al impulsarlas hacia delante ("marcha en tijera"). La marcha paraparética es un signo frecuente de enfermedad de la médula espinal y también se observa en la parálisis cerebral.

La marcha equina se produce por debilidad de la dorsiflexión del tobillo. Debido a la parálisis flácida parcial o completa del pie, es necesario elevar la pierna más de lo habitual para evitar que los dedos de los pies tropiecen al impulsar la pierna hacia delante. Cuando es unilateral, la marcha equina se debe por lo común a una radiculopatía L5, o a neuropatías del nervio ciático o del ciático poplíteo externo. Cuando es bilateral, es el resultado frecuente de polineuropatía distal o de polirradiculopatía lumbosacra.

La marcha de ánade es consecuencia de la debilidad proximal de las extremidades inferiores, que con mayor frecuencia se debe a una miopatía, pero que a veces es producida por enfermedades de la unión neuromuscular o por atrofia proximal simétrica de músculos espinales. Con la debilidad de la flexión de la cadera, el tronco se inclina al lado opuesto a la pierna que se está moviendo con el fin de elevar la cadera y aumentar la distancia entre el pie y el suelo, y la pelvis rota en sentido anterior para ayudar al movimiento de la pierna hacia delante. La debilidad de la cintura pélvica suele ser bilateral, de modo que la elevación y la rotación de la pelvis alternan de un lado al otro, lo cual da el característico aspecto de marcha de ánade.

La marcha parkinsoniana se caracteriza por la tendencia del paciente a encorvarse hacia delante, con una discreta flexión de las caderas y las rodillas. Los brazos están flexionados a nivel de los codos, y los hombros están en aducción, a menudo con un temblor de reposo de pronosupinación de 4 a 6 Hz, pero con pocos movimientos añadidos, incluso durante la marcha. Ésta se inicia de forma lenta y con flexión leve del tronco hacia delante y se realiza con pasos cortos y rápidos, en el transcurso de los cuales los pies se arrastran por el suelo. El paso tiende a acelerarse (festinación) a medida que la mitad superior del cuerpo se inclina gradualmente hacia el frente por delante de los pies, con independencia de que el movimiento sea hacia el frente (propulsión) o hacia atrás (retropulsión). La inestabilidad postural produce caídas.

La marcha apráxica es el resultado de una afección bilateral de los lóbulos frontales que produce una alteración de la capacidad para planificar y ejecutar los movimientos seriados. A simple vista esta marcha es similar a la del parkinsonismo, en cuanto a que la postura es encorvada y los pasos son cortos y con arrastre de los pies. Sin embargo, el inicio y el mantenimiento de la marcha se alteran de una forma diferente. Lo normal es que se pueda realizar cada movimiento necesario para la marcha, si se le explora aisladamente con el paciente sentado o en decúbito, pero si se le pide que dé un paso hacia delante mientras está de pie, es frecuente que se produzca una larga pausa antes de que realice cualquier intento de flexionar la cadera y avanzar, como si el paciente se encontrara "adherido al suelo". Una vez iniciada la marcha, ésta no se mantiene, ni siquiera de forma festinante. En lugar de ello, una vez dado un paso o unos pocos, se detiene la marcha durante varios segundos o más. A continuación se repite el proceso. Esta marcha puede coexistir con demencia senil e incontinencia.

La marcha coreoatetósica se caracteriza por un movimiento intermitente e irregular que trastorna la fluidez de la marcha normal. Son frecuentes los movimientos de flexión o extensión de la cadera que resultan impredecibles, aunque es fácil observarlos en forma de sacudidas de la pelvis.

La marcha atáxica cerebelosa es un trastorno de la marcha con amplia base de sustentación, en el cual varían de forma irregular de un paso a otro la velocidad y la longitud de la zancada. Cuando existe afección de la línea media cerebelosa, como sucede en los alcohólicos, la postura es erecta, pero los pies están separados; es frecuente que también exista ataxia de las extremidades inferiores. En la enfermedad de los hemisferios cerebelosos, es frecuente que haya también ataxia de las extremidades y nistagmo.

La marcha de la ataxia sensorial puede asemejarse a una marcha cerebelosa, con su amplia base de sustentación y las dificultades con los cambios de posición. No obstante, aunque puede mantenerse la estabilidad mientras los ojos permanecen abiertos, la pérdida de información visual por el cierre ocular provoca una pérdida rápida del equilibrio con caída (signo de Romberg positivo), a menos que el médico sujete al paciente.

La marcha vestibular es un trastorno en el cual el paciente tiende a caer de forma sistemática hacia un lado, tanto al caminar como al permanecer de pie. La exploración de los pares craneales demuestra un nistagmo manifiestamente asimétrico. La posibilidad de ataxia sensorial unilateral y hemiparesia se descarta si se detectan sensibilidad propioceptiva y fuerza normales.

La astasia-abasia es un típico trastorno histérico de la marcha. Aunque el paciente suele presentar coordinación normal de los movimientos de las extremidades inferiores en la cama o mientras permanece sentado, es incapaz de permanecer en pie o de caminar sin ayuda. Cuando se le distrae, a veces se mantiene en equilibrio estacionario y da algunos pasos normalmente, antes de que aparezca una demostración espectacular de desequilibrio abalanzándose a los brazos del explorador o a una cama próxima.

Nuevo beta bloqueador aprobado para hipertensión

Por: Dr. Arce En: cardiología

Nebivolol (Bystolic), un bloqueador selectivo de adrenoreceptores beta 1 con efectos vasodilatadores ha sido aprovado para el tratamiento de hipertensión, según anunció la FDA.

En 4 estudios controlados con placebo, más de 2,000 pacientes recibieron nebivolol, y los investigadores enconraron que su eficacia era similar a la otros beta bloqueadores. En uno de los estudios, los pacientes con control inadecuado de su tensión arterial y que usaban dos antihipertensivos, redujeron sus cifras de tensión arterial al tomar nebivolol.

Algunos pacientes que recibieron nebivolol reportaron cefalea, fatiga, mareo, y diarrea.

Anuncio de la FDA.

18 de December de 2007 @ 12:27 pm Deja tu comentario
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No hay evidencia de que un tratamiento para prevenir fracturas sea mejor que otro


Muchas farmacoterapias previenen las fracturas osteoporótias, pero los datos son insuficientes para concluír que un agente es más efectivo que otro, de acuerdo a una revisión publicada en Annals of Internal Medicine.

El estudio incluyó 24 meta-análisis y 76 estudios controlados y aleatorizados de tratamientos de osteoporósis. Muchos agentes superaron al placebo. Por ejemplo, se encontró que:

  • Muchos bisofosfonatos (acido zoledrónico, alendronato), calcitonina, hormona paratiroidea, raloxifeno, y estrógenos previenen fracturas vertebrales
  • Alendronato, risedronato, acido zoledrónico, y estrógenos redujeron el riesgo de fracturas no vertebrales; el calcio disminuyó el riesgo en un estudio.
  • Alendronato, risedronato, y estrógeno redujeron las fracturas de cadera.

Dos estudios compararon directamente los efectos de tratamientos para osteoporosis en resultados de fracturas: ningún bifosfonato actúo mejor que otro, y ninguno fué mejor que calcitonina, calcio o raloxifeno.

Los autores reconocen que su análisis tiene varias limitaciones, incluyendo pocos estudios comparativos y capacidad inadecuada para detectar grandes diferencias.

Artículo en Annals of Internal Medicine

El monitoreo rutinario de estenosis de arteria carotídea no es necesario

Por: Dr. Arce En: cardiología, neurología

Los pacientes adultos no deberán ser monitoreados para estenosis de la arteria carotídea asintomática, concluye la US Preventive Services Task Force en Annals of Internal Medicine.

En 1996, la USPSTF dijo que no había evidencia suficiente para recomendar el uso o desuso del monitoreo para estenosis de la arteria carotídea con ultrasonido carotídeo. Esta vez, después de revisar estudios recientes, el grupo determinó que el ultrasonido duplex resulta en muchos falsos positivos (especificidad de 92% para estenosis de 60% o mayor), llevando a angiografía cerebral confirmatoria o probablemente una edarterectomía carotídea.

En un estudio aleatorizado, controlado de pacientes asintomáticos que eventualmente se sometieron a edarterectomía carotídea, 1.2% ha tenido una embolia no fatal debido a la angiografía. Se encontró una tasa de embolia perioperatoria o muerte en cirugía carotídea de 3%, aunque dicho procedimiento resulta en una reducción absoluta del 5% de embolia y mortalidad.

La USPSTF estima que alrededor de 4,300 personas necesitarán ser monitoreadas para revenir una embolia en 5 años.

Los autores concluyen que, por ahora, los esfuerzos médicos deben enfocarse en optimizar el manejo médico de los riesgos para embolia.

Recomendaciones de la USPSTF

Hipotermia y congelación

Por: Dr. Arce En: Medicina Interna

La hipotermia accidental ocurre cuando la temperatura corporal central desciende, de manera no intencionada, por debajo de 35°C, temperatura a la cual comienzan a ser ineficaces muchos de los mecanismos fisiológicos compensadores cuya función consiste en conservar el calor. La hipotermia accidental primaria es consecuencia de la exposición directa al frío de una persona previamente sana. La tasa de mortalidad es mucho mayor en los pacientes que sufren hipotermia secundaria como complicación de una enfermedad general grave.

Causas

La hipotermia accidental primaria puede producirse en cualquier lugar y en cualquier estación. Aunque surgen muchos casos durante los meses de invierno y en los climas más fríos, también se produce con una frecuencia sorprendente en climas más cálidos. Muchos factores influyen en que las personas en las edades extremas de la vida, es decir los ancianos y los recién nacidos, tengan una vulnerabilidad especial a la hipotermia (cuadro 19-1). Los ancianos tienen menor protección térmica y están más propensos a la inmovilidad, a la desnutrición y a enfermedades generales que interfieren en la generación o la conservación del calor. La demencia senil, las enfermedades psiquiátricas y los factores socioeconómicos se suman a menudo a estos problemas, e impiden la práctica de medidas adecuadas para evitar la hipotermia. En los recién nacidos, la pérdida de calor es alta debido a su mayor proporción entre superficie y masa, y a la falta de respuestas conductuales adaptativas y de escalofríos, eficaces. Además, la malnutrición puede contribuir a la pérdida de calor, por ausencia de grasa subcutánea y porque conlleva agotamiento de las reservas de energía que se utilizan para la termogénesis.

Factores de riesgo de la aparición de hipotermia
   
Extremos de la edad Cuadros endocrinos
Exposición a la intemperie Hipoglucemia
Neonatos Hipotiroidismo
Hepatitis granulomatosa Insuficiencia suprarrenal
Ocupacional Hipopituitarismo
   
Por deportes Relacionados con el sistema nervioso
Por uso de ropa inapropiada Accidente cerebrovascular
Drogas y productos intoxicantes Trastornos hipotalámicos
Etanol Enfermedad de Parkinson
Barbitúricos Ataque de diversos órganos y sistemas
   
Anestésicos Malnutrición
Bloqueadores neuromusculares Sepsis
Otros Choque
Insuficiencia hepática o renal
Quemaduras y trastornos exfoliativos de la piel
Inmovilidad o debilidad

Las personas cuyos trabajos o aficiones entrañan una gran exposición a climas fríos corren, como es lógico, mayor riesgo de hipotermia. La historia militar está repleta de tragedias hipotérmicas. Los cazadores, los marineros, los esquiadores y los escaladores también corren un gran riesgo de exposición, tanto relacionado con la producción de lesiones como por los cambios del clima, o por la falta de preparación.

El etanol produce vasodilatación (que aumenta la pérdida de calor), reduce la termogénesis y la gluconeogénesis y puede alterar la capacidad de juicio o producir obnubilación. Las fenotiazinas, los barbitúricos, las benzodiazepinas, los antidepresivos tricíclicos y otros muchos medicamentos aminoran la vasoconstricción por un mecanismo central. Hasta 25% de los pacientes que ingresan en una unidad de cuidados intensivos por sobredosis de fármacos están hipotérmicos. Los anestésicos pueden bloquear la respuesta de escalofrío, y sus efectos pueden sumarse a la falta de abrigo adecuado en el quirófano o en la sala de recuperación.

Varios tipos de trastornos endocrinos pueden ocasionar hipotermia. El hipotiroidismo, ante todo en casos extremos como sucede con el coma por mixedema, reduce el metabolismo y altera la termogénesis y las respuestas conductuales. La insuficiencia suprarrenal y el hipopituitarismo también pueden incrementar la predisposición a la hipotermia. La hipoglucemia, en particular la causada por la insulina o los antidiabéticos orales, se acompaña, asimismo, de hipotermia, en parte como consecuencia de los efectos neuroglucopénicos en la función hipotalámica. El aumento de la osmolalidad y las alteraciones metabólicas de la uremia, la cetoacidosis diabética y la acidosis láctica pueden inducir anomalías de la termorregulación hipotalámica.

Las lesiones neurológicas secundarias a traumatismos, el accidente cerebrovascular, la hemorragia subaracnoidea o las lesiones hipotalámicas aumentan la tendencia a la hipotermia. La agenesia del cuerpo calloso o síndrome de Shapiro es una causa de hipotermia episódica caracterizada por una profusa transpiración, seguida de un descenso rápido de la temperatura. La lesión aguda de la médula espinal altera las vías autonómicas que producen los escalofríos, y anula las respuestas vasoconstrictoras reflejas inducidas por el frío.

La hipotermia que acompaña a la sepsis es un signo de mal pronóstico. La insuficiencia hepática reduce los depósitos de glucógeno y la gluconeogénesis, además de disminuir la respuesta de temblor. En el infarto agudo de miocardio con gasto cardíaco bajo, la hipotermia puede corregirse tras la reanimación adecuada. Las quemaduras extensas, la psoriasis, las eritrodermias y otras enfermedades cutáneas aumentan el flujo sanguíneo periférico, con la consiguiente pérdida excesiva de calor.

Termorregulación

El calor se pierde a través de cinco mecanismos: radiación (55 a 65% de la pérdida de calor), conducción (10 a 15%, aunque este porcentaje es mucho mayor en el agua fría), convección (aumenta con el viento), respiración y evaporación (sobre las que influyen la temperatura ambiente y la humedad relativa).

La parte anterior preóptica del hipotálamo es la que, en circunstancias normales, coordina la termorregulación. La defensa inmediata de la termoneutralidad se efectúa a través del sistema nervioso autónomo, mientras que el control a largo plazo depende del sistema endocrino. Las respuestas del sistema nervioso autónomo consisten en liberación de noradrenalina, aumento del tono muscular y escalofríos, que incrementan la termogénesis y el metabolismo basal. La "termorrecepción" cutánea del frío produce un reflejo de vasoconstricción directo para conservar el calor. La exposición prolongada al frío también estimula al eje tiroideo, con el consiguiente incremento del metabolismo.

Cuadro clínico inicial

En la mayor parte de los casos de hipotermia, el antecedente de exposición a factores ambientales como, por ejemplo, una exposición prolongada al aire libre sin las ropas adecuadas, hace que el diagnóstico sea evidente. Sin embargo, en ambientes urbanos, la presentación inicial suele ser más sutil y el médico puede pensar en otras enfermedades, exposiciones a toxinas o trastornos psiquiátricos.

Tras una estimulación inicial por la hipotermia, se produce una depresión de todos los sistemas orgánicos. El momento en que aparecen estas manifestaciones clínicas es muy variable. Si no se conoce la temperatura central, resultará difícil interpretar el resto de las constantes vitales. Por ejemplo, la taquicardia que no guarda proporción con la temperatura central indica hipotermia secundaria a hipoglucemia, hipovolemia o sobredosis de tóxicos. La producción de dióxido de carbono disminuye de forma progresiva, por lo cual la frecuencia respiratoria puede ser lenta; la hiperventilación persistente indica lesión del sistema nervioso central (SNC) o acidosis orgánica. Un deterioro importante del nivel de conciencia en un paciente con hipotermia ligera debe sugerir sobredosis de algún producto tóxico, o disfunción del SNC secundaria a una infección o un traumatismo.

Cambios funcionales que aparecen con la hiportermia
Intensidad Temperatura corporal Sistema Nervioso Central Árbol cardiovascular Aparato respiratorio Riñones y sistema endócrino Sistema neuromuscular
Leve 35°C (95°F)– 32.2°C (90°F) Depresión lineal del metabolismo encefálico; amnesia; apatía; disartria; deterioro del juicio; comportamiento de inadaptación Taquicardia para seguir con bradicardia progresiva; prolongación del ciclo cardíaco, vasoconstricción; incremento del gasto cardíaco y de la tensión arterial Taquipnea, para seguir con disminución progresiva en el volumen respiratorio por minuto; disminución del consumo de oxígeno; broncorrea; broncospasmo Diuresis; incremento en los niveles de catecolaminas, corticosteroides suprarrenales, triyodotironina y tiroxina; intensificación del metabolismo con los escalofríos Hipertonía muscular antes de los escalofríos, para seguir con termogénesis fatigante inducida por escalofríos; ataxia
Moderada <32.2°C(90° F)–28°C (82.4°F) Anormalidades electroencefalográficas (EEG): depresión progresiva del nivel de conciencia; midriasis, el sujeto se despoja paradójicamente de sus ropas; alucinaciones Disminución progresiva del pulso y del gasto cardíaco; intensificación de arritmias auriculares y ventriculares; cambios inespecíficos y sugerentes (onda J) en electrocardiografía (EKG); sístole duradera Hipoventilación; disminución de 50% en la producción de dióxido de carbono por cada disminución de 8°C de la temperatura; ausencia de reflejos protectores de vías respiratorias; disminución de 50% en el consumo de oxígeno Incremento de 50% en el flujo sanguíneo por riñones; está intacta la autorregulación renal; menor acción de la insulina Hiporreflexia; disminución de la termogénesis inducida por escalofríos; rigidez
Intensa <28°C (82.4°F) Pérdida de la autorregulación cerebrovascular; disminución de la corriente sanguínea cerebral; coma; pérdida de reflejos oculares; disminución progresiva en la actividad EEG Decrementos progresivos en la tensión arterial, disminución de la frecuencia cardíaca y menor gasto cardíaco; disritmias de reentrada; disminución del umbral para que surjan arritmias ventriculares; asistolia Congestión y edema pulmonares; disminución de 75% en el consumo de oxígeno; apnea La disminución del flujo sanguíneo por riñones corresponde a un menor gasto cardiaco; oliguria extrema; poiquilotermia; disminución de 80% en el metabolismo basal Ausencia de movimiento; disminución de la velocidad de conducción nerviosa; arreflexia periférica

También los datos de la exploración física pueden alterarse en la hipotermia. Por ejemplo, suponer que la causa de una arreflexia es sólo la hipotermia puede ocultar y retrasar el diagnóstico de una lesión de la médula espinal. Los pacientes con hipotermia pueden mostrar confusión o agitación, síntomas que ceden con mayor rapidez con el calentamiento que con el uso de sujeción física. Un ejemplo clásico de conducta mal adaptada de los pacientes con hipotermia es el desvestimiento paradójico, que consiste en quitarse la ropa por reacción al frío. El íleo y el espasmo de los rectos abdominales inducidos por el frío pueden simular o remedar un trastorno abdominal agudo verdadero.

Al atender por vez primera a un sujeto con paro cardíaco por hipotermia, está indicada la reanimación cardiopulmonar, a menos que: 1) se compruebe un estado no susceptible de reanimación, 2) se identifiquen lesiones claramente fatales o 3) no sea posible deprimir una pared torácica congelada. Una vez iniciada la reanimación, se considerará que el pronóstico es grave si existen signos de lisis celular diseminada, lo que se traduce en una concentración sérica de potasio superior a 10 meq/L. Otros datos que pueden impedir continuar la reanimación son la temperatura central <12°C, pH <6.5 o la demostración de trombosis intravascular con fibrinógeno <50 mg/100 ml. La decisión de concluir la reanimación antes de que el paciente alcance los 33°C es extraordinariamente difícil. No existen indicadores pronósticos confirmados de la recuperación de la hipotermia. El antecedente de asfixia con enfriamiento secundario es el factor de predicción negativo más importante en cuanto a la supervivencia.

Diagnóstico y estabilización

La hipotermia se confirma midiendo la temperatura central, preferiblemente en dos lugares. Las sondas rectales deben introducirse 15 cm, sin que estén en contacto con heces frías. Es importante colocar simultáneamente una sonda esofágica 24 cm por debajo de la laringe; puede generar cifras altas pero falsas durante el tratamiento con calor por inhalación. No conviene depender de la sola termografía timpánica de radiación infrarroja.

Una vez confirmado el diagnóstico de hipotermia, debe instaurarse la monitorización cardíaca, al tiempo que se intenta limitar una mayor pérdida de calor. Si el paciente está en fibrilación ventricular, se procederá a emprender tres intentos de desfibrilación (2 J/kg) seguidos. Siempre está justificada la administración de oxígeno suplementario, ya que la desviación a la izquierda de la curva de disociación de la oxihemoglobina tiene efectos adversos para la oxigenación de los tejidos. La vasoconstricción de estos pacientes puede hacer que la oximetría de pulsos no sea fiable. Si se han perdido los reflejos protectores de las vías respiratorias, deberá hacerse intubación endotraqueal no traumática. La preoxigenación adecuada evitará las arritmias ventriculares. Rara vez conviene aplicar estimulación cardíaca externa para corregir bradidisritmias por hipotermia, si bien, dado el caso, la técnica transtorácica será preferible a la transvenosa.

La introducción de una sonda gástrica evita la dilatación que es consecuencia de la pérdida de la motilidad intestinal. Las sondas vesicales a permanencia facilitan el control de la diuresis inducida por el frío. En la hipotermia crónica es habitual que surja deshidratación y la mayoría de los pacientes mejora con la administración intravenosa rápida de soluciones de cristaloides. La solución salina normal es preferible a la de Ringer con lactato, porque en el paciente hipotérmico el hígado no metaboliza lo suficiente el lactato. La colocación de un catéter en la arteria pulmonar, aunque puede ser útil, conlleva el riesgo de perforar este vaso por su menor flexibilidad. Es mejor no introducir un catéter central en la aurícula derecha fría, por el riesgo de desencadenar arritmias.

No deben corregirse los gases de la sangre arterial con base en la temperatura. El pH de 7.42 no corregido y la PCO2 de 40 mmHg reflejan ventilación alveolar adecuada y estado de equilibrio acidobásico, a cualquier temperatura central. Los desequilibrios acidobásicos deben corregirse de forma gradual, ya que el sistema de amortiguamiento con bicarbonato es ineficaz. Un error frecuente consiste en inducir una hiperventilación excesiva en una situación en que está disminuida la producción de CO2. Cuando la Pco2 disminuye 10 mmHg a 28°C, duplica el incremento de 0.08 en el pH que se observa a 37 grados centígrados.

La intensidad de la anemia quizá sea subvalorada debido a que el hematócrito aumenta en 2% por cada grado de disminución de la temperatura. Son frecuentes la eliminación leucocitaria y la supresión de la médula ósea, que pueden contribuir a disimular una infección. Aunque en la hipotermia crónica es más común la hipopotasemia, también puede encontrarse hiperpotasemia; la hipotermia puede encubrir las alteraciones electrocardiográficas previsibles. El riesgo de alteraciones electrolíticas es mayor en los pacientes con insuficiencia renal, acidosis metabólica o rabdomiólisis.

Las coagulopatías son frecuentes porque el frío inhibe las reacciones enzimáticas necesarias para la activación de la cascada intrínseca. Además, la producción de tromboxano B2 por las plaquetas depende de la temperatura y la función plaquetaria está alterada. La administración de plaquetas y plasma fresco congelado resulta ineficaz. Los resultados de las cuantificaciones de los tiempos de protrombina y parcial de tromboplastina parecen engañosamente normales y contrastan con la coagulopatía observada in vivo. Parece que esta contradicción se debe a que todas las pruebas de coagulación se realizan a 37°C, con lo que las enzimas se recalientan.

Estrategias de calentamiento

La decisión inicial fundamental es si el calentamiento debe ser pasivo o activo. El calentamiento externo pasivo consiste simplemente en cubrir y aislar al paciente en un entorno cálido. Con la cabeza cubierta, la velocidad de calentamiento suele ser de 0.5 a 2°C/h. Esta técnica es la ideal en sujetos sanos que sufren hipotermia accidental primaria, leve y aguda. Para mantener la termogénesis endógena, el paciente ha de disponer de energía y glucógeno suficientes.

Existen algunas reservas sobre la aplicación directa de calor a las extremidades de los pacientes con hipotermia grave crónica. La eliminación de la vasoconstricción periférica en un individuo deshidratado puede desencadenar un descenso residual de la temperatura central, es decir, disminución sostenida de la temperatura central aunque se retire al paciente del ambiente frío. La aplicación de calor en el tronco podría reducir al mínimo el riesgo de descenso residual.

El calentamiento activo es necesario en las siguientes circunstancias: temperatura central <32°C (poiquilotermia), inestabilidad vascular, edades extremas, disfunción del SNC, insuficiencia endocrina o presunta hipotermia secundaria. La mejor forma de proceder a un calentamiento externo activo consiste en usar mantas calentadoras con aire circulante a presión. Otras opciones son las fuentes de calor radiante y las compresas calientes. La vigilancia de un paciente hipotérmico en un baño caliente es extraordinariamente difícil. Debe evitarse el uso de mantas eléctricas, ya que la piel con vasoconstricción se quema con facilidad.

El operador cuenta con innumerables opciones de calentamiento central activo. Una opción cómoda es el calentamiento de vías respiratorias con oxígeno humidificado y calentado (40 a 45°C) por medio de una mascarilla o una sonda endotraqueal. El calentamiento de las vías respiratorias aporta menos calor que otras formas de calentamiento central activo, pero elimina la pérdida calórica con la respiración y agrega 1 a 2°C a la cifra global de calentamiento. Es importante calentar las soluciones de cristaloides a una temperatura de 40 a 42°C. La cantidad de calor aportado es importante sólo durante la fluidoterapia volumétrica masiva. El método más eficaz para calentar y administrar soluciones o sangre consiste en un intercambiador térmico a contracorriente integrado. El lavado con solución tibia de las vías gastrointestinales o la vejiga transfiere calor mínimo, por la escasa superficie disponible. Los métodos en cuestión deben reservarse para individuos en paro cardíaco y, en consecuencia, utilizarse en combinación con todas las técnicas de calentamiento activo con que se cuenta. El lavado a tórax cerrado es mucho más eficaz en individuos con hipotermia profunda y paro cardíaco. Los dos hemitórax se lavan por medio de dos sondas de grueso calibre para toracostomía que se introducen en el hemitórax izquierdo o en ambos lados. Es importante no colocar para calentamiento sondas de toracostomía en el hemitórax izquierdo de un individuo que muestra riego espontáneo. El lavado peritoneal con líquido de diálisis a temperatura de 40 a 45° C transfiere eficazmente calor cuando dicho líquido se introduce por dos catéteres o sondas, y se le aspira para ser extraído. A semejanza de la diálisis peritoneal, la hemodiálisis corriente es de particular utilidad en personas con anormalidades de electrólitos, rabdomiólisis o ingestión de toxinas. No se ha corroborado la eficacia del calentamiento por medio de anastomosis arteriovenosas, que aportan el calor exógeno al sumergir las manos, los codos, los pies y las pantorrillas en agua a 44 a 45 grados centígrados.

Se conocen cuatro opciones de calentamiento extracorporal con sangre, cuyo uso debe ser considerado en sujetos fuertemente hipotérmicos, en particular los que tienen hipotermia accidental primaria. También hay que analizar la utilización de la derivación cardiopulmonar en pacientes sin riego, ni contraindicaciones corroboradas para la reanimación. También en los pacientes con extremidades completamente congeladas o cuando existe destrucción importante de tejidos combinada con rabdomiólisis, el apoyo circulatorio puede ser la única opción eficaz. No hay pruebas de que el calentamiento muy rápido mejore la supervivencia de los pacientes con riego sanguíneo. La mejor estrategia suele ser la combinación de técnicas de calentamiento pasivo, activo troncal y central activo.

Opciones para el calentamiento extracorporal
Técnica de calentamiento extracorporal Consideraciones
Abreviaturas: CV, venosa central (central venous); ROR, rapidez de calentamiento (rate of rewarming); CAVR, calentamiento arteriovenoso continuo (continuous arteriovenous rewarming); CPB, circulación extracorporal (cardiopulmonary bypass).
Endovenosa (VV) Circuito-catéter en CV a catéter CV o periférico
No hay apoyo circulatorio ni de oxigenador Ritmos de flujo de 150-400 ml/min
ROR, 2-3°C/h
Hemodiálisis (HD) Circuito-canulación de uno o dos vasos Estabilización de anormalidades de electrólitos o de niveles de tóxicos
Volúmenes de los sitios de intercambio, 200- 500 ml/min
ROR, 2-3°C/h
Calentamiento arteriovenoso continuo (CAVC) Circuito: catéteres femorales percutáneos 8.5 F
Se necesita que la tensión sistólica sea de 60 mmHg
No se requiere especialista en transfusología, ni bomba o anticoagulantes
Tasas de flujo, 225-375 ml/min
ROR, 3-4°C/h
Circulación extracorporal Circuito: apoyo circulatorio completo conbomba y oxigenador
Gradiente de temperatura de los líquidos de perfusión (5-10°C)
Tasas de flujo, 2-7 L/min (promedio 3-4)
ROR incluso de 9.5°C/h

Farmacoterapia

Cuando un paciente está hipotérmico, los órganos y el aparato cardiovascular apenas responden a la mayoría de los medicamentos. Además, las dosis acumulativas pueden producir toxicidad durante el calentamiento, debido a la mayor captación de los fármacos por las proteínas y a la alteración del metabolismo y la excreción. Como ejemplo, la administración de dosis múltiples de digoxina o insulina es ineficaz mientras el paciente permanece en hipotermia, en tanto que el fármaco residual es potencialmente tóxico durante el calentamiento.

Uno de los primeros objetivos que deben plantearse se refiere a alcanzar una tensión arterial media de por lo menos 60 mmHg. Si l